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¿Qué lecciones medioambientales nos ha dejado el coronavirus?

¿Qué Lecciones Medioambientales Nos Ha Dejado El Coronavirus?

La pandemia del coronavirus ha puesto de manifiesto la fragilidad de la salud en nuestras sociedades. De hecho, nos ha obligado a cesar una gran parte de nuestras actividades habituales para garantizarla. Sin embargo, extraemos diversas lecciones medioambientales de esta crisis.

Nos referimos a que, si bien las medidas de confinamiento que hemos debido adoptar para evitar el colapso de nuestros sistemas sanitarios colisionan con nuestra concepción del ocio y complican la productividad, tienen un reverso positivo en materia de sostenibilidad.

A continuación, repasamos los efectos beneficiosos para la naturaleza que está teniendo el parón forzoso de numerosos hábitos debido a la incidencia de la Covid-19.

Aprendizajes energéticos que nos deja la pandemia

Los efectos del coronavirus son devastadores para la sociedad. En primer lugar, se coloca como principal causa de muerte en la mayoría de países. Por consiguiente, la desmoralización que crea entre la ciudadanía es muy significativa.

No solo por los fallecimientos, sino también por la obligación de permanecer en cuarentena. Asimismo, las economías sufren por el hecho de que una importante proporción de sus trabajos necesarios no pueden realizarse o llevarse a cabo en las condiciones habituales hasta nueva orden.

Pero hemos de señalar que los encierros obligados están propiciando una mejoría en el medio ambiente. La conclusión es clara: se llevan a término menos acciones contaminantes. Según Greenpeace, los niveles de dióxido de carbono expulsados a la atmósfera han bajado un 80 % en Barcelona y Madrid.

Además, destacamos que este descenso ha sido muy rápido, pues en la capital catalana solo bastaron tres días para que este índice de contaminación se desplomara hasta la mitad.

Por consiguiente, podemos hacer una reflexión interesante sobre las contrapartidas positivas de este contexto crítico. Las medidas de disciplina social puestas en práctica, que no tenían precedentes, han funcionado relativamente bien a la hora de contener los efectos más perniciosos de la pandemia.

Si tenemos en cuenta que las medidas de restricción de la movilidad asociadas al confinamiento han tenido un efecto beneficioso para reducir la contaminación, podemos deducir que incidir en algunas de ellas podría servir para combatir el cambio climático.

No nos referimos a que hayamos de reducir drásticamente los movimientos y las actividades productivas, sino a que hacer más sostenible su día a día tiene una repercusión objetiva en la mejoría de las condiciones ambientales.

El teletrabajo, por su parte, ha demostrado que no todos los desplazamientos y gastos de energía en las oficinas eran necesarios. Evitamos, de esta manera, contaminación asociada al uso de combustibles, luz y electricidad.

Por otro lado, la menor circulación de vehículos (aunque se ha reducido, por el temor a los contagios, el tan oportuno para la sostenibilidad del transporte público) ha disminuido de forma considerable la emisión de gases de efecto invernadero.

La apuesta por los vehículos eléctricos o la renovación de calderas en Mataró son decisiones que también pueden contribuir a afianzar estos logros. Por ejemplo, el aire acondicionado en Mataró puede ser instalado con arreglo a criterios de eficiencia energética.

En definitiva, aprendamos las lecciones medioambientales de la crisis de la Covid-19 para consolidar unos entornos más saludables.

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